lunes, 9 de febrero de 2009

La acumulación y el ejército de reserva (Sweezy)

La reproducción simple.

La reproducción simple se refiere a un sistema capitalista que conserva indefinidamente las mismas dimensiones y las mismas proporciones entre sus diversas partes. Para que se cumplan estas condiciones es necesario que los capitalistas repongan cada año el capital gastado o usado y empleen toda su plusvalía en el consumo; y que los obreros gasten todo su salario en el consumo.
Supongamos que toda la industria está dividida en dos grandes ramas: en la I se producen medios de producción y en la II se producen articulos de consumo. Para que se cumplan las condiciones de la reproducción simple, el capital constante usado debe ser igual a la producción total de la rama de bienes de producción, y el consumo combinado de capitalistas y obreros debe ser igual a la producción total de la rama de artículos de consumo.
La producción se divide en dos amplias categorías: producción total de medios de producción y producción total de artículos de consumo. Ambas, tomadas en su conjunto, constituyen la suma de la oferta social de mercancías. El ingreso, por otra parte, podemos decir que se divide en tres categorías: el ingreso del capitalista que éste debe gastar en medios de producción si ha de mantener su posición como capitalista, el ingreso del capitalista que éste es libre de gastar en el consumo (plusvalía) y el ingreso del trabajador (salario). Sin embargo, puesto que hay capitalistas y obreros en las dos grandes ramas de la producción, quizá sea mejor decir que el ingreso se divide en seis categorías, tres por cada rama. Tomadas en su conjunto, éstas constituyen la demanda total de mercancías.
El plan de reproducción es en esencia un expediente para mostrar la estructura de las ofertas y demandas en la economía capitalista, en términos de las clases de mercancías producidas y de las funciones de quienes perciben los ingresos.


Las raíces de la acumulación.

Es inevitable la conclusión de que la reproducción simple implica la abstracción de lo más esencial en el capitalista, a saber, su interes en ampliar capital. Realiza esto convirtiendo una parte de su plusvalía en capital adicional. Su capital acrecentado le permite entonces apropiarse aún más plusvalía, que a su vez convierte en capital adicional, y así sucesivamente. Este es el proceso conocido como acumulación de capital; constituye la fuerza motriz del desarrollo capitalista.
El deseo del capitalista de aumentar el valor que controla (de acumular capital) proviene de su posición especial en una forma particular de organización de la producción social.
La mayor cantidad de plusvalía y también, por lo mismo, el mayor poder de acumulación corresponde al capitalista que emplea los métodos técnicos más avanzados y eficientes. Pero los nuevos y mejores métodos de producción exigen mayores desembolsos de capital y vuelven anticuados y, por lo tanto, sin valor los medios de producción existentes.
La urgencia de acumular no excluye un deseo paralelo, y aun en parte derivado de aumentar el consumo.
Es interesante comparar estas ideas de Marx sobre los motivos de la acumulación y el consumo de los capitalistas con las teorías contemporáneas ortodoxas que ponen el acento en la “abstinencia” y la “espera”. Según la teoría de la abstinencia, es penoso para el capitalista “abstenerse” de consumir a efecto de acumular, y, por tanto, el interés del capital debe considerarse como el necesario galardón de tal abstinencia.
La teoría de la espera (Alfred Marshall) dice que los capitalistas desean consumir todo lo que poseen. No lo hacen desde luego porque esperan podrán consumirlo con interés en el futuro.


La acumulación y el valor de la fuerza de trabajo: planteamiento del problema.

Nos interesa investigar los efectos de la cantidad acrecentada del capital variable, o lo que viene a ser lo mismo, la demanda acrecentada de la fuerza de trabajo, que va implícita en el proceso de acumulación.
Partimos, pues, del hecho indudable de que la acumulación implica un aumento en la demanda de fuerza de trabajo. Ahora bien, cuando aumenta la demanda de una mercancía cualquiera, su precio sube asimismo; y esto lleva consigo una desviación del precio respecto del valor. Habiendo sentado en esta forma el principio general, nos impresiona en seguida un hecho notable: la fuerza de trabajo no es una mercancía ordinaria. No hay capitalista que pueda dedicarse a producir fuerza de trabajo en caso de que suba el precio de ésta: en realidad no hay ninguna “industria de fuerza de trabajo”. Sólo en una sociedad esclavista se puede hablar propiamente de una industria de fuerza de trabajo.
La acumulación eleva la demanda de fuerza de trabajo y no es ya lícito suponer la igualdad entre los salarios y el valor de la fuerza de trabajo.
La teoría cuantitativa del valor y la ganancia de Ricardo es muy semejante, excepto en materia de terminología, a la de Marx. “El trabajo –dice Ricardo- como todas las demás cosas que se compran y se venden, y que pueden aumentar o disminuir en cantidad, tiene su precio natural y su precio de mercado. El precio natural del trabajo es el precio necesario para que los trabajadores, uno con otro, puedan subsistir y perpetuar su raza, sin aumento ni disminución.”
El mecanismo necesario para asegurar el que los salarios permanezcan más o menos al nivel convencional de subsistencia, reside en una teoría de la población. Marx la llamará “el dogma de los economistas”.



La solución de Marx: el ejército de reserva del trabajo.

Marx estaba, por supuesto, bien enterado de la tendencia de los salarios a subir bajo el impacto de la acumulación de capital. El ejército de reserva consiste de obreros desocupados que, mediante su competencia activa en el mercado de trabajo, ejercen una presión constante, hacia abajo, en el nivel del salario.
El ejército de reserva se recluta principalmente entre aquellos que han sido desplazados por la maquinaria. Marx consideraba la introducción de maquinaria para economizar trabajo como una respuesta más o menos directa de los capitalistas a la tendencia ascendente de los salarios.
Si la población crece la ampliación continua del ejército de reserva, digamos como una proporción más o menos constante de la fuerza trabajadora total, es una posibilidad perfectamente lógica. Marx no fue el primero en descubrir la posibilidad del desplazamiento del trabajo por la maquinaria.



La naturaleza del proceso capitalista.

La acumulación estimula indirectamente el desarrollo de la población; el aumento del número de habitantes obliga a recurrir a tierras inferiores; las cosas necesarias para la vida sólo pueden producirse, por consiguiente, a un costo sin cesar creciente en términos horas-hombres. Esto implica un alza en el valor del trabajo y, en consecuencia, de los salarios como una proporción del producto total; y, por lo mismo, también, un descenso de la ganancia como una proporción de producto total. Finalmente, la acumulación por los capitalistas “cesará del todo cuando sus ganancias sean tan bajas que no representen para ellos una compensación adecuada por las molestias y los riesgos que necesariamente afrontan empleando su capital en forma productiva”. El progreso económico debe ser finalmente detenido por dos leyes naturales preponderantes e inmutables: la ley de la población y la ley de los rendimientos decrecientes.
Ésta es una teoría de la evolución económica que se deduce con precisión lógica de algunas premisas iniciales claramente enunciadas. La teoría maltusiana de la población no pudo sobrevivir al notable descenso en la curva de las tasas de natalidad que comenzó durante la década del 1870, en los países occidentales más avanzados. Los economistas, gradualmente y de mala gana, se vieron obligados a abandonar la teoría de la población y con ella toda la teoría clásica de la evolución económica.
El desarrollo de la teoría económica de Marx, sin embargo, no podía conducir a tales resultados, rechazando desde el principio todo tráfico con el maltusianismo. Es principalmente por medio de las innovaciones tecnológicas para economizar el trabajo, como se recluta el ejército de reserva, y sólo por la existencia continua del ejercito de reserva pueden sobrevivir la plusvalía y la clase que ella sostiene.
La noción marxista subraya principalmente los cambios que ocurren en los métodos de producción, implica el cambio cualitativo en la organización social y en las relaciones sociales, a la vez que el cambio cuantitativo en las variables económicas como tales. Así se abre el camino para considerar el “resultado final” como una reconstrucción revolucionaria de la sociedad, más bien como un mero estado de reposo.



Juan